Hola amigos, me llamo Juan y vivo en una aldea de Asturias, es un lugar bastante aislado y donde criamos ganado, tenemos unas doscientas vacas y un buen campo en la montaña donde las dejamos libres en verano, en invierno las bajamos a las cuadras que están al pie de esa montaña pero algo lejos de casa por lo que tenemos allí montado una especie de refugio para cuando tenemos que ir a cuidar los animales o ya los recogemos.
Yo estoy casado y soy feliz con mi esposa, no tenemos aun hijos y los dos tenemos dudas de querer tenerlos en el futuro. Nuestra relación sexual es buena, sin más, mi mujer no tiene ninguna experiencia y yo la verdad es que tampoco tenía mucha ya que aquí es todo muy difícil y nos conocemos desde niños.
Lo que hoy os voy a contar ocurrió este invierno, no se si soy un enfermo o que me está pasando por eso espero vuestra opinión.
Era primeros de octubre, cuando subí a la montaña para cobijar el ganado, este año las nieves se adelantaron mucho y me pilló allí una gran nevada, llamé a mi casa y decidimos que me quedaría en la casita de la montaña mientras el tiempo no me permitiera regresar. Como quiera que tenemos comida suficiente y el lugar está bien adecentado, no era importante, ya que otros años había pasado lo mismo.
Los días iban pasando, tengo alguna novela siempre allí, y la radio, no tengo tele ya que no se ve en esa zona, pero me entretengo con los animales y siempre ando haciendo alguna reparación.
Nuestras terneras son de carne y no tenemos que ordeñar ni preocuparnos de otra cosa que del pienso y de alguna posible enfermedad.
Los primeros días que pasé allí apenas tuve tiempo de nada, mucho trabajo y me acostaba rendido temprano, una vez que todos los animales estaban a cubierto, pues el tiempo era más tedioso y comencé a echar de menos mi casa y mi mujer.
Cada día recostado sobre mi cama me venían recuerdos de mis noches con Lara, algunas veces soñaba con algunas chicas que había visto en la tele, con esas chicas de ciudad tan finas y tontitas y me la cascaba pensando en ellas.
Pensaba en que estaría haciendo Lara, ella allí sola, claro que siempre tenía a Ton nuestro perro, me hacía reír el pensar en eso, pero imaginaba escenas de ella jugando al sexo con el animal, ella que era tan recatada ¿Y si no lo era tanto? ¿Y si cuando yo no estaba ella dejaba que el chucho le lamiera el coño? Bueno, yo sabía que eso no era posible, pero mientras lo pensaba me ponía cachondo y mis pajas eran gloriosas.
Pasaban los días y el tiempo no mejoraba, todo lo contrario, yo ya comenzaba a desesperarme, hasta que ocurrió: fue una tarde después de comer, yo entré en las cuadras a darles de comer a los animales, tenía el día especialmente nervioso, estaba deseando terminar la faena para tumbarme sobre mi cama y dejar volar mi imaginación y si no me llegaba con una vez pensaba que dos , en hacérmelo sin prisa, recreándome bien en mi polla.
Tenemos varias terneras, pero una especialmente bonita, es un animal de pelo brillante y muy redondita, cuando me acerqué a ella , el animal se arrimaba a mí, y yo la iba separando, en una de estas me fijé en lo bonita que era y que además siempre estaba muy limpia esa ternera. Comencé a acariciarla y mis manos la iban recorriendo. Apenas me dí cuenta de lo que estaba pasando, de pronto me sentí empalmado y noté como a mis manos llegaba su contacto que me estaba poniendo así. No reparé en nada, me puse detrás de ella, y mis caricias iban ahora a su zona sexual, el animal apenas respondía a mi mano que iba acariciándola. No pude aguantarme y me toque mi polla, esta durísima y me rocé contra la ternera, me tenía que poner de puntas para llegarle y eso que soy muy alto, pero la posición era muy incómoda, el animal se movía, así que busqué por las cuadras hasta conseguir unos bloques de hormigón, trate de subirme a ellos y de nuevo pase mi mano por el sexo de la vaquita, nada más tocarle note ese calorcillo y mi polla de nuevo se empalmo como la de un toro desesperado. Me subí a los bloques, pero la ternera se movía y no había forma, por fin tome la decisión de amarrarla bien y de aarrarle las patas de atrás par a no dejar que se moviera.
Ya subido a los bloques me encaramé al animal, que parecía no gustarle el contacto de mi polla con su sexo. Pero no podía hacer nada , así que empuje con mi polla que entro con facilidad , claro, pero realmente sentí el contacto y el calor, el roce era muy, muy agradable, me moví un poco y como la escena era tan morbosa me corrí enseguida y de una forma increíble. Me bajé saque todo solté al animal y me iba riendo para casa.
Al día siguiente al levantarme no podía pensar en otra cosa. Estaba más deseoso que nunca, volví a preparar todo y esta vez me propuse tomármelo con calma, le había echado comida a la ternera por lo que ella estaba muy tranquila, de nuevo saqué mi polla, y comencé a metérsela, la ropa me molestaba y me la bajé y mi polla parecía encontrar más calor y mas roce, era una sensación de poder increíble, me movía hasta estar a punto y cuando me iba a correr paraba para volver de nuevo a la carga, mi polla entraba con facilidad, pero sentía como si el animal quisiera oprimirla, la agarré con fuerza, la metí hasta estar muy apretado contra ella y me corrí dentro de su sexo , después rocé mi polla como queriéndola limpiar y de nuevo me fui poniendo duro y esta vez el juego era mas lento, más increíble. No logré correrme pero la sensación de deseo quedaba intacta, pensé que esa tarde o al día siguiente volvería y la verdad es que lo hice en la tarde y en la mañana siguiente y en muchas más tardes y mañanas los días que pasé allí.
Cuando el tiempo mejoró regrese a mi casa y follar con mi mujercita era otra cosa por lo que lo disfrute con pasión , pero después de unos días me inventé una disculpa para volver a la montaña y estar con mi vaquita.
No puedo aguantar sin ir hasta allí y de vez en cuando follármela yo se que eso no es normal pero me encanta y por eso tengo miedo a ser un enfermo del sexo.