Puro adulterio

Infidelidad, ¿pasión o pecado?

Mi jardinero

¿Cuantos años dura la belleza? Tal vez tan pocos que mantenerla no te permite respirar profundamente, tal vez lo peor de haber sido bella es que un día se termina y no te queda casí nada del recuerdo.

Hola me llamó Clara y tengo cuarenta y dos años , mido un metro setenta y cinco , pero setenta kilos y mis medidas son 95-64-92 No soy perfecta pero los demás dicen de mí que soy una mujer bandera. Soy pelirroja de nacimiento, bueno ahora ya me tengo que cuidar mi melena para tenerla siempre reluciente, mis piernas son muy bonitas, mi culo alto un poco en pompa y mi pecho redondo y muy firme.

Me casé virgen con Ramón, el único hombre que pasó por mi vida, nos hicimos novios siendo niños, nos casamos y tuvimos a nuestro hijo que ya es un hombrecito. Somos un matrimonio moderadamente feliz, no vivimos en una luna de miel, pero tampoco en una guerra. Mi esposo trabaja de funcionario en un ministerio, es un buen hombre, buen padre y… buen marido. Pongo esos puntos suspensivos ya que no sabría explicar en que consiste ser un buen marido. Nuestra vida rutinaria, sin sobresaltos y algo aburrida me hace dudar. Nuestra vida sexual fue siempre escasa, escasa para mis deseos reprimidos y que yo la compensaba con mi fantasía o reprimiendo mis deseos.

Me gusta que los hombres me admiren, siento su deseo muchas veces, si me agacho o me siento, siempre dejo ver algo ya que me divierte mucho percibir ese deseo en su mirada; alguno se atreve a decirme algo y siempre sonrío si no es una grosería; en algunas reuniones de amigos o de trabajo me encanta coquetearlos un poco eso sí, sin pasarme.

En realidad soy lo que los hombres llamarían una calientapollas pero moderada, más de juego, de coqueteo y de bromas que no pueda comprometerme a mí o hacer sentir incomodo a Ramón.

Mi vida sin ser el culmen de la felicidad, es tranquila y algunas veces hasta divertida. La parte de mis deseos las llena mi fantasía, mi ducha, el baño o cualquier parte son mis aliados para calmar este cuerpo que siempre está pidiéndome guerra: Todo iba bien hasta que apareció Vicente en mi vida.

Vicente es mi jardinero, es un chico joven muy fuerte y realmente guapo. Yo nunca hablaba con él pero algunas veces desde mi dormitorio espiaba, los días de un poco de calor , se desnuda de la parte de arriba y verlo es como un milagro. Ese cuerpo perfectamente musculado, con esas tabletas y ese color moreno. Algún día, e escondo detrás de las cortinas , mientras el está cortando el césped, y me voy sacando prendas, me encanta ponerme completamente desnuda así tan cerca de él; cuando agarra alguna cosa, son sus brazos los que me rodean, puedo sentir como me abraza; miro su paquete, alguna vez se lo toca, e imagino como será. Hay tanta leyenda sobre el tamaño de las pollas de los hombres de color, que cuando lo miro imagino lo que quiero. La verdad es que el chico parecía servido así por encima de la ropa.
Durante un tiempo, tuve ganas de comprarme un juguete “un consolador” de esos grandes, pensaba que sería increíble jugar con uno así mientras lo observaba; claro que a donde iba yo con algo tan grande, no estaba acostumbrada y una polla de ese tamaño no podría metérmela. La idea me ponía cada vez más deseosa y mis orgasmos eran interminables; algún día, cuando llegaba el orgasmo, no podía parar, me acariciaba los pechos unos segundos y volvía a jugar con mis dedos imaginando las escenas más increíbles.
Un día el estaba subido a una escalera podando las tuyas, tenía el pantalón roto o descosido en la pierna , sus piernas eran fuertes, musculadas y podía ver su calzoncillo, me llamó la atención que era de un blanco inmaculado que sobre su piel negra destacaba aun más. Yo estaba tan excitada que apenas podía acariciarme, no me centraba o no necesitaba hacer nada; estaba pendiente de cada movimiento que hacía tratando de ver mejor de alcanzar a ver su paquete; se volvió un momento y creo que me vio, me asusté y me retiré pero al hacerlo moví la cortina y me quedé completamente desnuda a sus ojos; intenté ocultarme pero ya era imposible ya que con la escalera estaba casí a mi altura. Huí despavorida, sofocada y muy avergonzada pero Vicente continuó su poda. Me metí en la ducha y no pude contenerme, eran sus ojos que se salían de deseo, pensaba en que llamaba a la puerta y yo le invitaba a entrar, en fin pensaba en todo mientras el agua caliente de la ducha masajeaba mi chocho.

Ese día ni me atreví a salir de casa mientras él estaba allí, me vestí como para ir a misa, quería cubrirme la vergüenza y el deseo. Le oí marchar y respiré aliviada, pero mi cuerpo aun después de darme esa alegría en la ducha, seguía ardiendo. Me fui a mi habitación, cerré la puerta de la calle con el pestillo como si quisiera aumentar mi sensación de soledad y libertad. No me dio tiempo a desnudarme, tenia los pantys puestos por encima de las braguitas, no podía sacarme todo aquello, mis manos desesperadas, acariciaron mi coño por encima de toda la ropa, pero no me llegaba, me bajé todo junto y cuando mis dedos alcanzaron mi sexo, un orgasmo me hizo temblar, mis piernas se tensaron y me quedé como agarrotada, rígida y mi sexo era una fuente.

De nuevo a la ducha a relajarme y asearme, había tenido un día pleno, así que me apetecía ir a encontrarme con mis amigas del vermut y verles su cara angustiadas por el deseo. Me arreglé de nuevo y estaba guapísima, mis ojos brillaban y así me lo hicieron saber mis amigas mientras yo les sonreía con cara de inocente.

Los días iban pasando y yo estaba loca de deseo por ver a Vicente de nuevo. Fue el viernes cuando apareció, pero venía vestido de calle, muy arregladito, a mi el corazón me dio un pálpito, ya no podía ponerme en el lugar de siempre. El estaba regando unas macetas que tenemos y recogiendo por el jardín. Me fui al escritorio de Ramón para observarle, estaba realmente guapo el negrito y mi cuerpo de nuevo ardiendo .

De pronto sonó el timbre de la puerta, me sobresalté, me recompuse lo que pude para abrir la puerta y aun mi respiración estaba un poco agitada. Cuando abrí allí estaba él, me dijo que tenía que revisar las plantas del interior de la casa, me preguntó si era un buen momento, a mi casi no me salían las palabras, le dije que sí y me senté en el sofá con una revista tratando de disimular mi agitación. Él estaba faenando por allí y mi coño palpitando descontrolado. Se acercó y me dijo que una de las plantas grandes estaba mal y me invitó a verla, los dos fuimos hasta la galería, y estaba a mi lado pegado a mí. Yo me agaché un poco para mirar las hojas de la planta y noté como se ponía detrás, me estaba rozando ya que la galería es estrecha. No se describir ese momento, apenas me tocaba pero yo podía notar su polla por debajo de toda mi ropa; me levanté, me di la vuelta , y nuestras caras quedaron una enfrente de la otra, sus labios carnosos y su dentadura de un blanco increíble en la sonrisa, mi corazón parecía salirse de mi pecho y algo corría por dentro de mis huesos, no se como ocurrió pero note sus labios en los míos, era como una gran ventosa, me besaba por todas partes, estaba apunto de correrme con sus besos, nos empujamos a la habitación de invitados y con un descaro desconocido en mi, como si aquello fuera una de mis fantasía, levanté su camiseta y me eché a besar su pecho, lamer sus tetillas, mientras mis manos buscaban su cinturón. El intentaba lo mismo conmigo, cuando descubrió mis tetas durísimas aquellas dos deliciosas almohadillas humanas que eran sus labios, cubrían mis pezones y ya era yo quien tiraba a un lado el resto de mi ropa.

El se bajó sus pantalones y quedó con un slip que era incapaz de retener todo aquello; por fin podía ver su paquete pensé pero no era lo único que iba a ver, se sacó el slip y casi doy un grito, no había ningún mito en lo que decían de los negros, era como un salchichón o una morcilla negra, sonrosada en la punt… No me dio tiempo a pensar nada más , la tenía dentro de mi boca, y su voz que dulcemente me decía cómemela, cómemela y se la quería comer, pero toda. Me recostó sobre la cama y separó mis piernas, era la primera vez que un hombre tenía su boca delante de mi coño, un hombre que no fuera Ramón que por cierto era bastante torpe. Nada que ver con esto, todo lengua, todo labios, cada lametada era enorme , tocaba cada poro de mi cuerpo, y de pronto la metió, toda su lengua me estaba llenando como jamás me había llenado nada, la metía y la sacaba y al sacarla mojaba mi clítoris volviéndome loca.

Quería gritar pero estaba más cerca de desmallarme, subió su boca a mis pechos al tiempo que bajaba su pelvis y sentí como los labios externos se abrina y aquello iba entrando en mi cuerpo, como si me rompiera, como si de nuevo fuera virgen, dio un golpe de cadera y la note, parecía llegar a mi corazón , comenzó a moverse con una cadencia desconocida para mi, con ese ritmo de la gente de color y ya no pude más, quería cerrar mis piernas pero no podía, era una sensación tan extraña e increíble que sólo calmó sus besos. Me corrí hasta secarme por dentro, no quería separarme nunca más , no sabía como había podido vivir sin aquello toda mi vida. Abracé con fuerza a Vicente y el se movía ahora mas rápido, de nuevo comencé a notar que me llegaba otro orgasmo y después otro, era la locura y de pronto aquel chorro de jardinero que regó mi interior hasta desbordarse. Quería comerme su poya, meterme todo aquello por todas las partes de mi cuerpo pero no pude mas que dejar correr dos lágrimas de felicidad y depositarlas en los labios de mi jardinero.

Desde entonces somos amantes, amantes discretos, amantes silenciosos que solo desean follar, follar hasta morir de placer.

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