Puro adulterio

Infidelidad, ¿pasión o pecado?

Me siento infiel – Mi perro y yo (I) (Por Feli)

¿Qué es la infidelidad? ¿se debería confesar siempre? En una mujer casada la infidelidad es siempre adulterio? Y en mi caso sería adulterio? Sería infidelidad? Os lo cuento, pero antes de leerlo, deciros que en este relato no solamente intervienen personas y es posible que leerlo os resulte desagradable por lo que os aconsejo que lo abandonéis si la relación carnal con animales puede herir vuestra sensibilidad.

Me llamo Feli, tengo veintinueve años soy altita, morena, no soy gorda pero si redondita y se que para los hombres soy muy atractiva, me lo hacen notar con frecuencia. Estoy casada con un marino mercante y generalmente estoy siempre sola. Tenemos una economía desahogada y no tenemos hijos.

Mi vida en la ciudad me estaba ahogando, el espacio era poco, a mi esposo cuando está en tierra, le gusta hacer bricolaje y barcos en miniatura, a mí me gusta pintar y los dos somos lectores empedernidos por lo que los libros nos estaban ahogando en el piso.

Comenzamos a hablar de la posibilidad de hacernos una casita en al campo en un afinca muy grande que heredé de mis abuelos. A mi al principio la idea no me gustaba mucho, pero no estaría muy lejos de la ciudad y tengo un buen automóvil además de disponer del de mi marido en caso de necesidad.

Comenzamos a desarrollar la idea nosotros de lo que queríamos, número de habitaciones, alturas, en fin todas esas cosas que se calculan antes de hablar con el arquitecto que la iba a diseñar.

Por fin nos decidimos, la casa sería grande con grandes estancias con piscinas, canchas deportivas un gimnasio, todo, queríamos que fuera una casa cómoda y para siempre. Nos decidimos a visitar al aparejador y en poco tiempo nos llamó para mostrarnos los diseños. Uno de ellos nos entusiasmó a los dos y ya acordamos que sería su empresa quien lo realizara. Las obras tardaron poco más de un año y cuando fuimos a recepcionar la casa, era un palacio, es verdad que nos costó muchísimo dinero pero superaba nuestra imaginación. Comenzamos la decoración acompañados de profesionales y yo tenía unos deseos enormes de vivir en aquella mansión.

Cuando nos trasladamos , encontramos servicio en la aldea, que atendería la limpieza de la casa y el jardín por las mañanas y mi marido me regaló un precioso perro Gran Danes, al que llamamos Ton como un amigo nuestro del colegio que pensábamos que se parecía.

Vivimos allí unos meses y yo cada vez era más feliz, nadaba en la piscina, hacía una horita de gimnasio, jugaba con mi perro que estaba tan precioso como enorme y daba largos paseos con mi marido. Algunas veces bajábamos a la ciudad a cenar o a alguna fiesta familiar pero yo no necesitaba nada más para ser feliz.

Llegó el día en que mi esposo tuvo que embarcar, era su trabajo y yo tenía que quedarme sola en aquella casa enorme pero ni lo pensé, me sentía segura y como cada día venía el servicio no me importaría. Bueno eso pensaba, pero llegó el invierno, con los días grises y tristes , apenas salía de casa, comencé a sentirme sola, la casa ahora se me hacia enorme; no soy miedosa pero tenía una extraña sensación de soledad, por lo que Ton estaba siempre dentro recostado y vigilante.

Mi familia no es de aquí y la ausencia de mi marido se iba notando, me faltaban las caricias , los mimos, la sensación de querer y de ser querido. Yo, cubría esas carencias jugando en la piscina, la sauna o en la soledad de mi alcoba. Me había acostumbrado a mi cuerpo, a darle placer con el agua, con mis manos y mi imaginación pero en la ciudad salía de compras o a tomar café con alguna amiga, pero en el campo los días eran infinitos.

Ocurrió sin pensarlo ni buscarlo, fue casi un accidente, una casualidad o la confluencia de varias circunstancias.
Era un sábado por larde, ya estaba a punto de oscurecer, estaba sentada en un sofá muy grande que tenemos en el salón principal, la chimenea, estaba encendida como siempre y leía una preciosa historia de amor, algo subida de tono. Mientras leía con el libro apoyado en el sofá, estaba acariciando a Ton que estaba recostado a mi lado y que se desperezaba y estiraba ante mis inconscientes caricias. Yo notaba que se estiraba, y me sentía cómoda acariciando a mi amigo y viendo sus manifestaciones de agradecimiento.

No se cuando sucedió, el animal se dio la vuelta, dejándome su panza al alcance de mis manos, ni me di cuenta absorta en mi novela, estaba acariciando su barriga cuando de pronto sentí aquella extraña sensación húmeda y cálida que me despertó de mi mundo. Miré que había pasado y mi Ton estaba empalmado de tal forma que jamás había visto. Su verga era enorme, muy dura y tiesa, al principio sentí un cierto rechazo, pero mi cuerpo estaba algo alterado por la lectura y pensé en echar fuera al animal, pero sonreí, casi con miedo, le acerque mi mano que comenzó a lamer. Sentí unos deseos irrefrenables de acararle de nuevo su barriga, con cierta vergüenza, como algo clandestino o prohibido aun en la seguridad de la soledad. Mi mano fue bajando y con mis dedos comencé a acariciar su piel, el animal se colocaba como dejándome toda su panza libre e invitándome en mis caricias.

No se lo que me pasó, sentía deseos de ver como de nuevo su tranca volvía a salirse, cada vez mas enorme y comenzó a parecerme menos asquerosa, al mirarla la veía durísima y me entraron deseos de tocársela , solo tocar con mis dedos , nada de acariciarlo pensaba. ¿Sería como la de un hombre, sería más dura? Me daba algo de grima, me gustaría tener unos guantes o un paño pero claro no podía notar esa sensación, mis dedos temblaban en la duda, miré las ventanas y la puerta como si alguien pudiera estar observándome y por fin le toqué con las yemas de mis dedos, nada más tocarle retiré mi mano como si me diera un calambrazo; apenas había sentido nada ya que mis miedos me hicieron escapar.
Seguí acariciando su barriga, y Ton al notar que mis caricias eran más cercanas, comenzó a moverse como si mi mano fuera la de una perra imaginaria en celo que le ponía en marcha todos sus deseos. Me volví a asustar al ver que el animal estaba tieso, pero algo estaba pasando en mi interior, no podía pensar en deseo pero si en inquietud, era como si sintiera la necesidad de hacerlo gozar o me pusiera en marcha todo aquel ardiente deseo.

Separa mis piernas, y mi mano derecha se apoyó en mi sexo mientras con la izquierda seguía mis caricias a Ton; cuanto más mi mano derecha se acercaba a mi sexo, mas atrevidas eran mis caricias al animal, sentí mi sexo mojado, ardiendo cuando mis dedos lo tocaron y mientras ya mi mano izquierda sujetaba su verga con dos dedos. El animal intentaba moverse en un mete y saca y yo lo estaba imaginando en lugar de mis dedos, estaba a punto de correrme pero no quería que aquello se terminara, era una sensación totalmente desconocida en mi vida, mientras Ton se movía adelante y atrás yo introduje mis dedos en mi coño y me parecía notar toda su furia, estaba completamente loca de deseo, parecía que me iba a desmallar sin respiración, agarré ya sin miedo aquella norme verga y me acerqué, comencé a pasar mi lengua por su parte roja, no me atrevía a meter la punta dentro de mi boca, note que unos pelillos se quedaban en mi lengua y los limpié, ya nada resultaba desagradable, me acerqué mas a él, ahora mi coño era un charco, el animal me miraba como extrañado yo con su verga en mi boca, mis manos en mi coño, me rompí en un orgasmo como jamás había sentido.

Me sentí rabiosa y sucia, me fui corriendo a la ducha y me venían arcadas, dejé que el agua y el jabón corrieran por mi piel y poco a poco me fui calmando.

Al día siguiente no quería ni pensar en lo ocurrido, el perro corría por la finca y se metía en el garaje, donde tenía su sitio, cuando venía el servicio se acercaba a la puerta como esperando a que le invitaran a entrar pero no entraba jamás sin permiso. Yo tenía como miedo a quedarme con él a solas, no lo acariciaba ni le decía nada. Ya en la noche al quedarme a solas, los pensamientos volvieron a mí, de nuevo me sentí excitada y con deseos, pensé en llamarlo pero me lo negué rápidamente. Sentada en el sofá, comencé a sentir deseo en mi cuerpo y poco a poco me vi acariciándome. Llené la bañera y me metí dentro , me enjabonaba toda y mis manos buscaban tranquilizar todos mis deseos, pero de nuevo la imagen de nuestro perro Ton, deseoso y con su enorme y dura estaca me estaba volviendo loca. Me salí de la bañera y me puse un albornoz, sin ropa interior, ni lo pensé, abrí la puerta de la calle y ya estaba esperando, me miró, acaricié su lomo y el animal se vino al sofá su lugar favorito.

Comencé acariciando su cabeza y su lomo y Ton, metió su hocico entre mis piernas, el albornoz se abrió y ton pasó su enorme lengua por mi sexo, mojándolo con sus babas, abrí de todo el albornos y puse mi sexo a su disposición pero el animal, no hizo nada, con mi mano traté de acercarle su cabeza, pero no podía entender lo que su ama estaba deseando.
Me levanté y fui a la despensa, busque algo para untarme y animarlo, por fin reparé en un tarro de miel, sonreí, estuve a punto de dejarlo y echar a Ton fuera, pero los deseos nublaban mi pensamiento, eché un poco de miel en mi mano y rápidamente Ton vino a lamerla, llené mi mano , la miel desbordaba, llevé el tarro al salón y me tumbé sobre la alfombra en unos cojines; mi mano rebosante de miel se fue directamente a mi coño, la sensación era un poco rara, creo que estaba colorada de vergüenza y deseo mezclados, dejé que la miel se metiera entre mis labios vaginales, e incluso con mis dedos la empujaba; apenas me dio tiempo, Ton volvíaa a lamer mis manos, pero yo le enseñaba el camino de la miel y el no tardo en encontrarlo, pasó su lengua enorme por mi sexo y era la locura, nada que ver con la de mi marido, era enorme y algo mas rasposa y dura, la pasaba una vez y otra y a cada lametada un escalofrío me recorría el cuerpo, lamía una y otra vez, desesperadamente, buscando la miel por los rincones de mi coño, su lengua se doblaba y ese enorme filete enroscado, entraba y salía en mi inundándome hasta reventar en un orgasmo. No se si eran mis propios jugos mezclados con la miel lo que hacían que Ton insistiera más y más, yo me corría sin parar, apenas me recuperaba y ese maestro comenzaba de nuevo a lamer y si yo por mi orgasmo intentaba apretar mis piernas, él me separaba con su enorme cabeza y de nuevo me volvía a poner desesperadamente deseosa. No se cuantas veces, ni cuanto tiempo pasamos así, pero me ardía la cara, mis piernas no aguantaban de mi peso, apoyé mi cabeza en el cojín, Ton se tumbó a mi lado y me quedé completamente dormida extenuada del placer.

Desperté a las dos horas, le abrí la puerta a Ton, y me encerré en la ducha, no tenía fuerzas para nada, me duché y completamente desnuda me metí en mi cama, aun me daban calambres al recordar, pensaba con una enorme sonrisa, en mi descubrimiento y en que jamás me volvería a encontrar sola. Pocos días después llegó mi marido, hicimos el amor, como siempre cuando llegaba, fue muy placentero hasta que intentó comerme el coño, no podía olvidar la sensación de estar con mi perro, así que pensando en ello le hice a mi esposo una mamada enorme, sin dejarle que se separara, quería toda su leche en mi boca, en mi cara, bañarme en ella y hacerle disfrutar la culpabilidad que yo sentía .

Pasaron los días, mientras mi esposo estuvo en casa, yo ni me acercaba a Ton, tenía miedo que hiciera algo que pudiera delatarme, era un poco el temor a que mi amante pudiera hablar.

Continuará…

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