Trabajo desde hace quince años en una fábrica textil donde soy encargado, tengo un buen empleo pero mi trabajo es en turnos de noche. Me gustó siempre mi trabajo y nos da el dinero suficiente para vivir con holgura.
Bueno deciros que mi mujer se llama Fátima y hasta hace poco trabajaba en la fábrica conmigo, entonces las cosas nos iban aun mejor y como siempre ajustamos nuestra vida fuimos haciendo unos ahorros que nos permitieron liberarla a ella para atender mejor la casa y también controlar un poco a sus padres y los míos.
Mi mujer es una mujer muy guapa, un metro setenta y dos, con un pecho grande creo que es una ciento diez, melena castaño larga y redondita en sus formas con un culo muy bien parado.
No tenemos hijos pero tampoco nunca nos intereso mucho eso por lo que éramos muy felices y nuestra vida sexual aunque marcada por mis horarios era muy buena.
Yo no suelo preocuparme de los gastos de casa por lo que quien maneja las cuentas es mi Fátima, las cosas siempre fueron bien y aunque no como cuando trabajábamos los dos, conseguimos ahorrar un poco de dinero cada mes.
Algunas veces cuando yo llego a casa ella ya esta arreglada para salir y hacer la compra, suele pasar toda la mañana fuera para no trajinar con las faenas y molestar mi sueño.
Un día salí con mi moto y mis amigos y en un encuentro con otro grupo me encontré con Julio, el director de mi banco que me saludo como siempre muy afectuoso pero me preguntó si nos iban mal las cosas, yo le dije que no, que bien como siempre y el me sonrió pero me dejo un poco preocupado su forma de preguntarme.
Cuando llegué a casa le conté a mi esposa lo que me había pasado y ella me dijo que no me preocupara que Julio era así, siempre tenía miedo que la crisis afectara a sus clientes y que se debía a eso con seguridad.
Fátima ese día fue especialmente cariñosa conmigo, después de comer y mientras veía las carreras en la tele, se sentó a mi lado haciéndome mimos que cada vez eran más ardientes. Yo reaccioné enseguida ya que en los últimos tiempos nuestros encuentros eran cada vez más distantes. Sentados en el sofá comenzamos a besarnos con pasión y ella me iba desnudando, algo que no era normal en nosotros, ya que generalmente nos íbamos a nuestra habitación cuando tocaba sexo.
Yo intentaba corresponder a sus caricias, pero ella apenas prestaba atención a su cuerpo, solamente se cuidaba de mí, me desabrochó la camisa y comenzó a soltarme el cinturón, eso era algo rarísimo en ella, se puso de rodillas delante de mi sobre la alfombra, mientras yo permanecía sentado en el sofá; me separó los piernas y metió su mano en mi cintura para bajarme el calzoncillo, me sentía casí avergonzado, no era normal que ella fuera tan descocada, comenzó a acariciar mi pene y yo estaba a cien pero mi sorpresa fue infinita cuando me pasó la lengua por la polla, no le gustaba eso, pero parecía querer darme un regalo especial, sin pensárselo mucho la metió en su boca y comenzó una mamada que parecía increíble, no tardé mucho en correrme ya que aquello tenía tanto morbo que no pude resistir , pero es que lo más increíble de todo era su habilidad, para no hacerlo prácticamente nunca fue la mejor mamada que yo había soñado y mucho menos recibido (que alguna chica de taller cariñosa me había regalado) Cuando me iba a correr me quise separar, sabía que a ella le daba como asquito pero no me dejo, saco su lengua y descargo todo mi semen en ella, tragándoselo a continuación y limpiando mi polla con su lengua de tal forma que no pude evitar volver a ponerme duro de inmediato y nos fuimos a la cama, allí levanté su ropa sin desnudarla, aparte su braguita y le metí toda la polla en un polvo como no recuerdo.
Me quedé tirado sobre la cama, ella se levantó, me dio un beso y se fue al baño, cuando salió parecía una Venus satisfecha.
No pensé en nada que no fuera lo buenísima que seguía estando Fátima y lo feliz que era con una esposa así.
Un día que no podía dormir por la mañana, salí al jardín a buscar el correo y había un extracto del banco entre otras cartas y sin curiosidad como un autómata la abrí y casi se me cae el alma al suelo, nuestro saldo era una décima parte de lo que yo esperaba.
Pensé en preguntar por aquello seriamente cuando llegara, era imposible y no teníamos mas cuentas. Mi cabeza me daba vueltas y no sabía que hacer, subí a mi escritorio y preparé un plan de espionaje, quería saber que pasaba cuando yo no estaba, si mi esposa salía por las noches a jugar al bingo o el casino.
Prepare cámaras ocultas en el salón, el dormitorio y el baño (este último porque me dio miedo que fuera algo de drogas) Cuando Fátima llegó escondí el extracto del banco y traté de comportarme disimuladamente como siempre.
Esa noche en el trabajo no podía prestar atención pensando en cual era el secreto de mi esposa y como iba a solucionar ese vicio de jugar que ahora tenía. La cabeza me daba vueltas en busca de soluciones, dispuesto a comprenderla y ayudarla pero muy preocupado por ella, pensaba que no la estaba haciendo feliz y que por eso había buscado ese escape.
A la mañana cuando llegué a casa, me preparé para acostarme como siempre con su ayuda y pendiente de que saliera, cuando oí su coche, esperé unos minutos por si se le olvidaba algo y seguidamente me fui a repasar los videos, estaba nervioso y revisaba las tres cámaras de pronto, vi que ella estaba en el salón con una tentación puesta, estaba viendo la tele, nada me pareció anormal pero sonó el timbre, despacio una sola vez y ella se sobresaltó y fue corriendo a abrir la puerta. Era mi compañero Juan Tomás, ella se lanzó a sus brazos y los vi besándose, no podía dar crédito, mi dulce esposa, estaba de pie y el le iba sacando la tentación , mientras ella metía las manos en su cintura, y cogía su polla que me pareció enorme. Se sacaron toda la ropa y corrieron al baño, los dos juntos en la ducha me dejaban ver por la mampara como se enjabonaban uno al otro, ella tenía su polla en las manos y la frotaba con el jabón y el hacía lo mismo enjabonándose sus manos le acariciaba el sexo y el culo. Creí volverme loco ante aquello, pero salieron de la ducha y cada uno secaba al otro, buscando sus partes que antes era intimas, se reían y se besaban mientras yo no sabía que pensar, tenía deseos de matarlos a los dos, pensé en no ver nada más pero no pude resistirme.
Se fueron al dormitorio, a nuestra cama y se echaron sobre la colcha, los dos completamente desnudos y entonces comprendí lo de mi mamada, él, llevó su cabeza hasta su enorme polla que ella devoraba con su lengua, era como con furia, con rabia, con un deseo que jamás había visto ni el otro ni nunca.
Jugaron agarrados mientras se reían en una sensual pelea, yo no sabía que me estaba pasando, aquello que parecía matarme al mismo tiempo me estaba excitando sin contención.
Juan Tomás, acariciaba sus nalgas con miles de besos, las separó dejando su culito casi en un primer plano de mi cámara y entonces bajó su lengua y se la fue acercando, se la iba metiendo en el culito salivando su ano y metiendo la lengua, después con el dedo lo iba introduciendo con cuidado, Yo jamás había conseguido nada de su precioso culo y mientras miraba mi polla estaba completamente tiesa, el metía su dedo mientras ella, ponía sus manos por debajo de su cuerpo buscando acariciar su coñito, el comenzó a besarle la espalada y con su mano cogió su pollón, no pude evitar acariciarme y estaba a punto de correrme viéndolos, pero me frené. Juan, le rozaba ahora su polla y volvía de nuevo con su lengua buscando lubricar su agujerito y de pronto ocurrió, vi como ella se estremecía y se contraía mientras su enorme polla la calaba hasta el fondo de sus entrañas. Se quedaron quietos los dos y fue ella la primera en volver a moverse, solo su brazo que seguía el movimiento de su mano acariciando su coñito y él, muy despacio comenzó a bombear en su culo, cada vez más fuerte, ella se doblaba, echaba sus manos detrás como queriendo apretarlo dentro de ella, por fin le dio la vuelta y ella quedó sentada en su polla y pude ver que aun faltaba un buen tranco por entrar , ella abría lo boca en una muesca de placer infinito y se movía de arriba abajo dejando en cada movimiento entrar un poco mas de aquella verga, mientras su cara congestionada por el placer marcaba el rictus de una sacudida de semen en su interior.
Fue en ese mismo instante cuando noté mis manos empapadas de semen y mi corazón agitado a punto de descarrilar.
Los dos se quedaron tumbados boca arriba sin decirse ni una palabra, se cogieron de las manos unos instantes y ella se abalanzó sobre él, como una valkiria en la tempestad de su polla.
Tal vez un día os cuente que pasó o tal vez lo quiera reservar para mi como el gran secreto de mi placer.