Desde hacía mucho tiempo, yo necesitaba algo más en mi vida sexual, la relación con mi esposo a nivel familiar era buena pero mi vida o nuestra vida sexual era aburrida, monótona sin alicientes. Por mi parte intenté aportar nuevas formas al sexo, busque en libros, películas y en relatos en internet nuevas ideas; nada suponía una mejora, después de mis intentos todo terminaba con mi marido encima y yo debajo.
Mientras intentaba informarme de todo esto, vivía en un mundo de grandes fantasías, las cosas que podía ver o leer iban llenando mi imaginación y cada vez buscaba más mi soledad, estaba a todas horas esperando el momento de encontrarme sola y dejar volar mi imaginación a ese nuevo mundo donde el sexo se llenaba de fantasía.
Mi vida había logrado un nuevo sentido sexual que ahora, no compartía con nadie, mi marido, ya no estaba encima, me estaba haciendo aquellas cosas increíbles pero sólo en mi imaginación por lo que muchas veces su presencia era incordiante, con sus comentarios o con sus formas impedía mis sueños.
Comencé a pensar en tener una aventura, en buscar a alguien especial o simplemente pagar a un profesional en alguno de mis viajes, un profesional que me hiciera disfrutar de sensaciones que nunca había disfrutado que me hiciera gozar de otras formas de follar.
No me atrevía a dar el paso, en una ocasión estando en el hotel en Barcelona, comencé a buscar en el periódico en los anuncios por palabras, la verdad es que no me resultaban atractivos, la mayoría eran soeces, burdos, poco delicados
Me preguntaba que tipo de persona me iba a encontrar, si sería una persona limpia ¿Y si no era así? Yo no soportaría jamás a un hombre que no me diera esa sensación o que fuera vulgar y me matara la ilusión. Dejé el periódico, estaba completamente desnuda sobre la colcha y la lectura de los anuncios y mis pensamientos me habían puesto muy a tono; no tardé en trasladar a mis manos mis deseos y buscar cada rincón de mi piel para soñar e imaginar. En mi fantasía pasaba del anuncio de un chico muy bien dotado de color a joven nórdico rubio hasta e oriental incansable. Esa noche en mis caricias los iba trayendo a todos a mi cama hasta que me corrí con un orgasmo enorme.
Ya en el avión de regreso a mi casa, iba pensando en mis miedos, en el hotel que me conocían, en una posible enfermedad de trasmisión sexual, en un posible mal trato y el consiguiente escándalo y hasta en el chantaje. Sonreí pensando que era una novelera y mi sonrisa se hizo mayor al recordar que esos pensamientos me habían proporcionado una noche preciosa de fantasía. Curiosamente mientras pensaba eso, otra vez mi cuerpo estaba pidiendo guerra y deseando llegar a mi casa y ojala tuviera un tiempo para mí, bueno lo iba a tener en la ducha y de nuevo se me escapo una sonrisa.
Yo viajo con frecuencia por mi trabajo dentro de España y algunas veces a Francia e Italia por lo que ahora mi fantasía iba a conseguir el valor de dar ese paso, tendía que hacerlo bien y conseguir un lugar que me diera toda la confianza.
Las cosas ocurrieron por casualidad: en mi trabajo, me encargaron como siempre la organización de la convención internacional de delegados y tenía que ir hablando con todos, preparando sus viajes y buscando los hoteles cercanos al lugar donde celebraríamos las reuniones y presentación de nuevos muestrarios. Fue cuando hable con la delegada de Grecia y e pregunté si tenía algún hotel preferente, ella me respondió que sí y me indicó uno fuera del centro, que a mi me parecía un poco alejado para reunirnos pero ella insistió.
Yo pasé a mi secretaria los hoteles que en realidad eran tres y muy cercanos y cuando vio el de la griega, se le escapo un “mira la grieguita” eso llamó mi atención y mi curiosidad femenina comenzó a trabajar y Jessica me contó que era un hotel de apartamentos muy discreto y lujoso, no era un hotel de citas pero sí un lugar muy reservado donde muchas parejas pasaban sus noches locas. Me confesó que allí se veían cuando estaba en Madrid ella y su amante que estaba casado y que no me podía contar más.
Mi curiosidad era enorme, busque en internet información y la verdad es que era un lugar precioso y pensé que lo ideal para mí si un día me atrevía a dar mi paso o encontraba a la persona adecuada para darlo.
Los días de la convención, busque un acercamiento especial a la griega, quería hacerme su amiga y averiguar la razón por la que escogía ese hotel si ella venía sola. No tenía confianza para preguntarle aquello y además pensé que me podía comprometer, pero me mostré muy cariñosa con ella, compartía su mesa en las comidas y fui ganado su confianza, como además aun sin ser su jefa en la empresa ocupaba un papel superior, ella se sentía muy feliz con mi simpatía. Fue el segundo día después de cenar, nos sentamos en una mesa a tomar una copa y me dijo que se tenía que ir, yo la miré interrogante, y sonrió, eso me dio pie a preguntarle y me contó que tenía un gigoló, reí pero no como burla y si interesada y me contó que era un chico latinoamericano guapísimo, como me vio tan interesada me preguntó riendo si lo quería conocer; le respondí que estaba casada y ella me dijo -yo también. Las dos rompimos a reír y al poco se fue.
Cuando terminamos la convención yo realmente había simpatizado con mi amiga griega y cuando nos despedimos ya en el aeropuerto nos dimos unos besos y ella me dejó una tarjeta en la mano. Casi doy un grito, pero la guarde en mi bolso, en una zona muy reservada y de regreso a mi hotel sentí deseos de mirarla como si dentro de la tarjeta estuviera él.
Ya de regreso a mi casa, mi vida se enriquecía en las fantasías, ahora pensaba en como sería él, en como follaríamos y en que nadie nunca podría sospechar nada, mi secretaria me reservaría el hotel de siempre en Madrid y yo reservaría el nuevo, ¿le tendría que llamar antes? Claro podía ser que no estuviera libre o cualquier cosa. Cuando supe mi fecha de Madrid, una semana antes de viajar lo llamé por teléfono con mi móvil privado. Le dije que era amiga de Ágata que así se llamaba mi amiga griega, él fue muy amable y agradable, convenimos en vernos el martes para cenar juntos y conocernos en el mismo hotel.
Llegó el día, yo iba a dar un paso importantísimo en mi vida ¿Y si no me gustaba? Y si no me atrevía? Bueno, pensé que le pagaría y simplemente olvidaríamos todo. Llegué al hotel a las cinco de la tarde, prepare el apartamento, deshice mis maletas, me di una ducha, me puse mi ropa interior impecable y a las nueve bajé al comedor me senté en una mesa y le dije al metre que estaba esperando a una persona, cinco minutos después como habíamos convenido apareció el, cuando lo vi entrar me di cuenta que debía ser, era guapísimo, muy alto y una figura increíble, muy elegante, modales y caminar discretos, se acercó a mi mesa con una sonrisa que mostraba una dentadura blanca y perfecta. Pelo negro, muy moreno, con unos ojos preciosos. Se sentó y comenzó a hablar como si nos conociéramos de siempre, la conversación era muy agradable, él era muy simpático y todos mis miedos iban desapareciendo. Después de cenar y de un par de horas de charla. Yo me debatía entre el deseo y el miedo, hice ademan de recoger mis cosas y el se levantó, me ayudo, me invitó a pasar delante y discretamente me siguió hasta el ascensor. Ya en el ascensor, me estaba mirando, yo le sonreí y me besó, fue un beso dulce, agradable, delicioso y que prometía muchísimo más de lo imaginado.
Entramos en la habitación y cuando cerró la puerta me tomo en sus brazos y esta vez si me beso como nunca nadie me había besado, sus besos eran sexuales, sus caricias las de sus labios yo las sentía en mi sexo, cuando acariciaba mis labios de la boca era un gesto como si fuera en mi coño que estaba ardiendo. Sus caricias eran certeras, sus manos eran tan hábiles que no quería que se terminara nunca ese tiempo. Me fue desnudando y apenas me dejaba pensar, pasaba de besos a caricias y más besos, de mis pechos a mi coño de mis pezones a mi clítoris, de mi ombligo a mis nalgas con tanta delicadeza que pensaba que no necesitaría nada más par a tener mi primer orgasmo. Me sentó en el borde de la cama y se metió de rodillas entre mis piernas, nunca nadie me había comido el coño, a mi marido no le gustaba eso y pensé que me haría cosquillas pero su lengua aun era más hábil que sus manos , me recline un poco apoyando mis riñones en las almohadas y él me arranco hasta el último suspiro, hasta el último aliento, me daba como vergüenza pero no pude contenerme e intente separarlo cuando un orgasmo me hizo estremecer, él, hizo un poco de fuerza y bajó la intensidad de sus lengüetazos en mi coño dejando que mi sexo diera escapa a lo que sentía mi cuerpo.
Me abrace a su cuello, mi cuerpo aun temblaba, y el acariciaba mi pelo y mi rostro con tanta ternura que para nada me parecía un profesional y si un ángel. Tomé sus rostro en mis manos y besé sus labios, como si le amara toda mi vida, era mi forma de agradecerle aquello. Él fue subiendo la intensidad de aquellos besos, yo le arrancaba la camiseta y desabrochaba su pantalón, mientras él encontraba en mi cuerpo lugares de placer que nunca lo habían sido. Le baje su bóxer impecable y me encontré con aquella preciosidad era muchísimo mas que lo que tenía en casa, pero no me apreció eso que se veía en las películas porno, simplemente era bonita, perfectamente moldeada y fuerte, quise comérsela pero , no me dejó, quería que todo fuera para mí, con sus dedos jugaba con mis pezones descubriéndome esa nueva forma de gozar, yo sentía de nuevo la humedad en mi coño, me recostó, se puso un preservativo que no se donde tenía guardado, me recostó y se coló entre mis piernas, era la primera vez que sentía otra polla, era mi primer preservativo, eran mis primeros orgasmos con otra persona. Era una autentica maquina de gozar, me pasó encima y comencé a moverme, el sólo acompañaba mi cadencia, fue una sensación especial y de nuevo otro orgasmo y me ponía debajo y repetía despacio dejándome recuperar y otro y otro y por fin se estremeció y me beso y se corrió. Sentí deseos de sacarle aquel condón y comerme toda su leche pero e era un profesional, se retiró al baño y pude oír la ducha, me encantaría ducharme con él pero salió en unos minutos, yo entre a ducharme y cuando salí había abierto una botellita de cava de la nevera y me esperaba con dos copas. Brindamos, nos besamos y me preguntó si se podía quedar –Siiiiiiiii le grite y después de la noche más hermosa de mi vida amanecimos abrazados.
“Los adulteros no entrerán en el Reino de los Cielos”
Tal vez ese reino sea muy aburrido para nosotros.