Elisa nos envia este relato de adulterio y nos pide que le digamos si eso es adulterio.
Hola amigos de puroadulterio:
Cuando vi vuestro blog me hice una pregunta ¿Lo que hacemos nosotros se puede llamar adulterio? Bueno es mando un relato y si lo consideráis oportuno lo ponéis en el blog , si no fuera adecuado, gracias por leerme y por vuestro tiempo.
Me llamó Elisa, tengo veintiséis años y estoy casada con Pedro de treinta. Nos casamos hace cuatro años y pensamos que somos muy felices, pero vivimos el sexo a nuestra manera.
Todo comenzó en nuestro segundo año de casados, un día Pedro comenzó a decirme que me amaba con locura pero que se le hacía duro vivir el resto de su vida con la misma mujer y no poder descubrir otros olores, otras caricias y otros besos. Que no podía entender muy bien, como yo sabía que tenía la felicidad plena si nunca me había acostado con otro hombre que no fuera él.
La verdad es que cada vez que hablamos de eso, yo me escandalizaba un poco y comencé a pensar que ya Pedro no me quería, que se había cansado de mí o que le aburría.
Durante un tiempo, intenté buscar en internet, hasta en páginas porno, nuevas formas de satisfacción, de darle a Pedro más placer y cada día me ponía más en plan de “puta” Le hacía grandes mamadas, dejaba que se corriera en mis tetas en mi cara, en mis manos. Potenciamos el sexo anal, cada día buscaba nuevas posturas, practicamos todas las del kamasutra, la verdad es que fue una etapa muy bonita pero Pedro tenía razón, yo al entrar más en ese mundo, me preguntaba como sería hacerlo con otro hombre. No es que mi marido la tenga diminuta pero claro veía videos y fotos de otros chicos y alucinaba pensando que se podía sentir y en el goce de una aventura o de una conquista.
La idea de engañar a mi marido con otro no me apetecía nada, yo estoy enamorada de este tonto, pero mi parte de hembra, de mujer ardiente me pedía cada día más guerra.
Un día le conté a Pedro todas mis dudas, mis pensamientos y tal vez mis deseos. Mi marido se quedó muy serio y creo que algo triste, me dijo que el tenía también deseos con otras mujeres pero claro que jamás lo haría por mí.
Nuestra vida continuaba, ya los dos estábamos libres de secretos o de ocultar nuestros deseos más íntimos, así que comenzamos a fantasear con posibles aventuras, yo le contaba que había conocido a alguien por la calle, o en una cafetería y nos liábamos para follar. Le contaba lo que me había hecho y el se ponía a tope, algunas veces era él quien me contaba de alguna aventura con una compañera y a mí me ponía muy caliente pensar en mi marido follando con otra.
Ocurrió por azar, Pedro se hizo muy amigo de uno de sus compañeros y muchas veces los sábados quedábamos con ellos a cenar, era una pareja muy agradable. Ramón su compañero era un hombre atlético de cerca de cuarenta años y su mujer Laura tenía unos treinta, ella era guapísima y sobre todo muy espectacular.
Cada vez teníamos más confianza con ellos, algunas veces salíamos a bailar y Pedro bailaba con Laura y yo con su marido; bueno, nada especial. Hasta que un día en casa nos pusimos a inventar un juego, consistía en darse órdenes unos a otros por medio de papelitos cada uno poníamos cinco ordenes y el que sacaba ese papel tenía que hacer lo que mandaba el papel. Nada, eran tonterías como agarra el pie derecho con la mano y da tres saltos con el otro; cántanos un pasodoble o báilanos el asereje; tonterías con las que nos reíamos mucho.
Mientras tanto mi vida sexual con Pedro seguía siendo rica en fantasía, ahora los dos incorporábamos a nuestros amigos, algunos días era Pedro y otros yo, pero nuestra fantasía era cada vez más creíble. Yo le contaba que me había llamado ramón, que estaba allí en la calle visitando un cliente que si quería bajar a tomar café con él y yo le decía que estaba sin arreglar que subiera y lo tomábamos en casa y claro después venía lo demás.
Cuanto más nuestra fantasía se acercaba a la realidad, más disfrutábamos los dos, algunas veces yo mientras le contaba, realmente lo vivía y ya no me daba miedo contarle con detalle todo.
Un día que nos reunimos con nuestros amigos en casa, dijimos de jugar a nuestro juego pero Ramón propuso que las órdenes fueran picantes, que los limites los ponía cada uno, pero que como ninguno sabría quien las había escrito, nadie podía saber quién era el más descarado. Las haríamos con el ordenador en la impresora para que nadie conociera la letra. Pero quería la promesa de que todos íbamos a cumplir la orden fuera lo que fuera. Nos echamos a reir los cuatro a la vez, cada uno estaba pensando sus maldades, no se a los otros pero a mi me pasó algo por dentro; hasta que punto podíamos llegar, hasta donde llegaría yo, y si ordenaba algo que pudiera hacerme parecer un pendón. ¿Hasta donde podía yo cumplir las órdenes?
Bueno creo que todos pensamos más o menos lo mismo, las órdenes eran picantes pero de juego, un beso en los labios a Pedro, tocarle una teta a Laura, hacerle una caricia a Ramón en el muslo. Fue tremendamente divertido pero a todos nos quedó un poco de ganas de algo más.
La semana siguiente cenamos fuera de casa y no se habló de nada. Mi marido y yo tampoco hablamos de la noche del juego, era como si nadie quisiera tocar el tema, pero llegó la semana siguiente, de nuevo era en nuestra casa y al terminar de cenar nos quedamos todos mirándonos, nadie se atrevía a proponer nada, por fin Pedro dijo : ¿jugamos a nuestro juego? Todos dijimos que si muy entusiastas. Pero, dijo Pedro, nada de mariconaditas de tócame el pie o la nariz, tienen que ser pruebas muy atrevidas, las haremos en el ordenador y se imprimen de forma que nadie sepa quien propuso cada una, ahora ¿estamos dispuestos a aceptarlas sean las que sean? Todos dijimos que si, la verdad es que yo no las tenía todas conmigo. Cada uno hizo diez proposiciones en el ordenador, las cortó y las fue metiendo en la cajita. Yo sabía mis diez, pero no quien había hecho ninguna de las otras.
Separamos la mesa del centro del salón, para sentarnos todos sobre la alfombra, nadie hablaba, había mucha tensión por lo que propuse preparar unas copas antes de comenzar a jugar. Todos aceptaron y nos sentamos en círculo. Pedro decía que él iba a cumplir lo que le tocara y cada uno de los demás se afirmó. Curiosamente no había risas, se notaba en los rostros que alguna de las órdenes iba a ser muy ardiente. Sorteamos a ver quien era el primero en sacar y le tocó a Ramon.
-Tienes que darle un beso de lengua al de tu derecha durante dos minutos. En ese caso era su mujer Laura.
Todos nos echamos a reír, eso no vale, así cualquiera y Pedro contó en su minutero dos minutos. El beso fue realmente serio y a mi me estaba poniendo, podía haberle tocado conmigo o a Laura ¿Podría yo besar a Laura?
Sacamos la segunda orden, le tocaba a Laura:
_Mete la mano por la cintura del de tu izquierda hasta tocar su paquete y déjala metida un minuto. Era Ramón así que volvieron las protestas y las risas. Laura muy seductora, fue metiendo su mano, lo hacía realmente bien, todos reíamos pero la tensión estaba allí.
La tercera era yo:
_Vete a un dormitorio con el de tu derecha y haz o déjate hacer lo que te pida,durante treinta segundos.
–Me tocaba Ramón, teníamos nada más que treinta segundos, Pedro dijo riendo, ojo ni uno más, nos pusimos como si fuera una salida de atletismo, entre risas, fuimos al dormitorio y Ramón me beso en la boca. Salimos corriendo, yo estaba un poco colorada y todos preguntaron ¿Qué,que? Secretoooooo, dijo Ramón y de nuevo las risas.
Turno de Pedro:
Tienes que tomarte un trago de tu copa a la francesa, con la persona de tu izquierda que era Laura. –
Todos preguntamos donde y como no indicaba lugar tenía que ser allí delante de todos. Laura protestaba, decía que era una orden muy fría, pero se sacó su jersey y dijo: así ya vale no, pero todos gritamos que no, que fuera el sostén. La verdad es que tenía un pecho precioso, ya podía sacarse lo que fuera. Ramón reía metiéndose con Pedro, ¡No pasarás hambre! De nuevo las risas, Pedro dejaba verter su bebida sobre los pechos de Laura, pero muy comedido dejaba que bajara por su canalillo, así no tocaba las hermosas pechugas. Protestamos todos de que hacía trampa, pero aceptamos la prueba como buena.
De nuevo Turno de Ramón:
Tienes que acariciar con tu lengua los pezones de tu izquierda durante 3 minutos sin tocar con las manos. Y esa era yo, tampoco se señalaba lugar, me saque la camisa y solté el sujetador. La lengua de Ramón me produjo un escalofrío que me dejó la piel de gallina, pero la verdad es que sabía lo que hacer con su lengua, yo me estaba poniendo ciega, pero intentaba que pareciera una broma.
Turno de Laura:
Tienes que besar el sexo de uno o una que no sea tu pareja, durante dos minutos, mientras los demás sujetamos.
Laura, hizo que dudaba y decidió que a mí. Me costaba bajarme la ropa, pero ellos me ayudaron, cada hombre me sujetaba una mano y una pierna y Laura se metió con sus labios a mi sexo, sabía muy bien donde besar, la sensación para mí era increíble, allí, abierta de piernas entre dos hombres y con una mujer besándome el chichi.
Las pruebas iban pasando y algunas eran increíblemente eróticas. Para no haceros largo el relato os cuento algunas:
A mí me tocó llevarme a mi habitación a Laura y hacerle lo que quisiera yo durante tres minutos y durante dos lo que quisiera ella. Yo, bese a Laura, era la primera vez en mi vida que besaba a una mujer, ella parecía tener más experiencia o estaba más suelta, sus dos minutos los dedico a mis pechos y la voz de Pedro nos hizo regresar .
Otra prueba que me tocó, fue la de lograr que Pedro de pusiera a tope delante de todos. Era mi marido y lo conocía, le acaricie las tetillas con mi lengua mientras que con mi mano acariciaba su polla. Se resistía un poco, así que delante de todos, comencé a darle con mi lengua, le pasaba la palma de la mano por su flor y Pedró no podía aguantarse estaba a mil.
Por fin salió la definitiva, tendría que irme con Ramón al dormitorio y dejar que él mandara. Teníamos la suma de tiempo que los otros dos nos dieran. Laura dijo que diez minutos y Pedro que era generoso y que le daba quince. No podíamos cerrar la puerta del dormitorio.
Nos fuimos los dos, y Ramón no tuvo que hacer mucho esfuerzo para desnudarme, yo a esas alturas estaba como un volcán; una vez desnuda, comenzó a besarme, caímos sobre la cama y yo estaba jadeando, aun lo hacía más fuerte para que Pedro escuchara, Ramón era un gran amante, para mi la sensación de tener otra polla dentro de mí, era fuertísima. Estábamos follando como desesperados y oíamos que en el salón Laura y Pedro no se aburrían, al final decidimos irnos con ellos, si tenía que ser era mejor todo juntos. Nos tumbamos en la alfombra para continuar , mientras Pedro, estaba cargándole el culo a Laura. Nos cruzamos una mirada y una sonrisa. Los cuatro jadeando y nos corrimos casi juntos todos. Al final, cambiamos de hombre durante un rato.
Los chicos estaban rendidos y preparaban otras copas mientras Laura y yo experimentábamos sobre la mullida alfombra y mejor no cuento lo que sentí no sea que los hombres lean algún día este relato y sientan celos.
Mi pregunta es ¿podía el intercambio de parejas calificarse de adulterio? Bueno si alguno quiere responder estaré encantada de leerlo.
Hola amiga….
Realmente rico y excitante tu relato….
creeme que me hubiese gustado que la ultima parte no la hubieses abreviado porque esta mu cachondo tu experiencia…
En fin, para mi no podria calificarse de Adulturio porque es o fue una acción aprobada por los 2, al ser mutuo consetimiento entre ustedes y mas con la otra pareja
Creeme que me gustaria experimentar una situación parecida como la tuya o la de ustedes….
NO lo es…
Cada individuo determina los limites de libertad dentro de su relacion, existen acuerdos pactados entre parejas que echan por tierra la trillada y poco cumplida enmienda de “fidelidad” que con doble moral,(algunos) acordamos en el juzgado civil. El adulterio en sí, creo que habla de ENGAÑO, y cuando una pareja hace por mutuo acuerdo o consentimiento de su culo un papalote, es solo compartir…volverse complices mas que solo pareja. Excitante tu relato… divertidisima vivencia. Seria genial encontrar una pareja con quien compartir algo asi.