Puro adulterio

Infidelidad, ¿pasión o pecado?

Confesión de una infidelidad (Por Elvira)

Sé que muchos leeréis este escrito y pensareis que se trata de un relato más que alguien ha inventado para una página de internet, no me importa. No sé lo que busco ni lo que pretendo conseguir escribiéndolo, quizá descargar la conciencia o, si alguien me deja comentarios, saber lo que debo hacer, porque aunque intento olvidarlo, me ronda la mente cada día que veo dormir a mi lado a mi marido, paciente, tranquilo, insignificante y feliz en el sueño de los justos, y me pregunto qué derecho tengo a turbar la paz de ese sueño que tan a pulso se gana cada día.

No hablaré mal de Fernando, es amable, cortés, educado, afable, cariñoso y… tremenda y absolutamente anodino en la cama, no me da el placer que necesito y he necesitado siempre, me siento como el hombre de la pareja, necesitando un sexo que no sabe darme y es que no sirve intentar enseñarle, para él es casi pecado que me masturbe mientras me está follando, no distinguiría la estimulación clitoriana de la vaginal ni aunque dependiera de ello su vida.

Lo quiero, es mi osito de peluche, él me adora, o dice hacerlo y está satisfecho con nuestra vida, pues el sexo que él necesita siempre lo tiene en mí, pero es que necesita realmente poco para estar feliz y por nada del mundo quiere romper su rutina, su normalidad y su forma de entender el sexo, forma que a mi cada día me parece más simple e insatisfactoria, pero lo quiero.

Algunos dirán de mi que soy una ingrata, pero simplemente he encontrado el equilibrio que necesito para una relación que para mí se estaba quedando sin más salidas que un divorcio abrupto y sin sentido para la mayoría, porque parecemos la pareja perfecta, y lo somos, si no fuera por lo que pasa debajo de nuestras sábanas.

Hace unos meses conocí a Alonso, el que sería el primero de varias conquistas, en Internet ¿Cómo no?, lejos de mi ciudad, casado (paso de compromisos, de esos ya tengo) y que prometía ser un artista en la cama (claro que internet, casi todos mienten), sin embargo, quedé con él después de “conocernos” durante un tiempo, en un motel de un punto intermedio entre nuestras ciudades, un sitio de esos hecho para “el amor” o para follar, que diríamos los más pragmáticos, con condones y lubricantes de regalo en la cesta del baño en lugar de jaboncitos y champú, un sitio glamuroso -no vayáis a pensar- con espejos en el techo y rosas rojas en los jarrones, realmente, Alonso es un tipo con clase.

Cenamos, charlamos, hablamos muchísimo durante una cena agradable, ambos bien vestidos y yo con el vestido más sexy que guardo en mi armario, ambos sabíamos bien a lo que veníamos pero también parecía haber un acuerdo no acordado de hacer que aquello pareciera más una conquista que un encuentro sexual.

Ya tarde, subimos a la habitación, a media luz, pero nos veíamos, me desnudó, sin más, y me empujó sobre la cama con delicadeza, él se quedó de pie aun un momento, se quitó la corbata, la chaqueta, la camisa y, aun con el pantalón puesto, enterró la cabeza entre mis piernas y empezó la más increíble comida de coño que me habían hecho en la vida. Era simplemente un artista con la lengua, me chupaba, comía, lamia, mordía, todo a la vez con una maestría que a mí me parecía simplemente increíble, ya no recordaba la última vez que alguien me había comido el chocho, no así, simplemente comido, ya que Fernando se negaba a hacerlo.

Me corrí, entre grititos de placer, simplemente no pude aguantar aquella delicia que entraba y salía de mi coño como si me estuviera follando con la lengua.

Se puso de pie al lado de la cama y se quitó el pantalón, tenía la polla tiesa y enorme, yo me había corrido ya y tenía el chocho todo mojado y resbaladizo de una mezcla de su saliva y mis jugos, pero la urgencia del sexo se me había pasado un poco, se colocó a mi lado y empezó a sobarme las tetas mientras se arrodillaba en la cama a mi lado, yo me dejaba hacer, sentía sus dedos pellizcándome y manoseándome, pero me preguntaba a donde iba a conducir todo aquello, pues en un encuentro como ese, pensaba que estaba dedicándome más la atención de un amante enamorado que de un follador casual.

Metió su polla en mi boca, sin dejar de masajearme las tetas, y yo me vi con aquel miembro enorme y tenso entre mis labios, así que me puse a chupar con fruición aquella verga que me estaban ofreciendo, chupaba y apretaba, se la lamía con ansia, quería que la mantuviera así para después follarme pero él estaba más atento a mi cara que al placer que recibía, no cerraba los ojos, solo me miraba comiendo su polla golosa.

Pasamos así un rato, yo tragando y él simplemente mirando y dejando que chupara su miembro hasta que me dijo que me diera la vuelta, cosa que yo hice, se puso encima de mí y empezó a restregar su polla entre mis piernas, sin metérmela, yo iba ya loca de ganas otra vez y le pedía que me la metiera, pero él solo decía: “Shhhh, aún no”, una y otra vez: “Tienes que quererla aún más” –decía-.

Estuvimos así un rato, yo muerta de ganas de que me follara de una vez y él aguantando aun más una polla que seguía tiesa como un palo acariciándome el chocho y que yo notaba como le mojaba con mis jugos de estar cachonda como una perra ya.

Nos habíamos ido colocando hasta quedar yo de rodillas y él detrás y encima de mí y a la par, me acariciaba las tetas.

- “Métemela de una vez, no puedo más, de verdad, la quiero dentro, necesito que me folles”
- ¿Seguro? ¿Cuánto la quieres?
- Mucho, muchísimo – casi no podía ni hablar-
- ¿Toda? ¿la quieres toda?
- Siiii –me salió un si en un hilo de voz

Y me la metió, de golpe, sin avisar, sin prepararme, me la metió toda como me había prometido, toda para mí, pero en mi culo, mi culo que aun era virgen recibió esa polla que me atravesó como un mástil de hierro y que me hizo lanzar un aullido de dolor.
- Shhhhh, tontita, ya la tienes toda dentro ¿no la querías toda? Relájate, asiiii –me besaba en el cuello pero no me dejaba moverme.

No puedo decir que no me gustaba sin mentir, buscaba emociones fuertes y las estaba teniendo, mi culo se iba amoldando a su polla por momentos, lo sentía un poco dolorido, pero el dolor daba paso al placer, a la sensación de que me estaban dando por el culo, de que nadie me había hecho eso antes y de que, aunque lo hubiera hecho así, me encantaba, empezó a moverse, bombeando, follándome el culo con inmensa delicadeza, yo notaba su polla entrar y salir y él me lo follaba casi con dulzura después de la manera en la que me la había metido.

Cuando notó que empecé a responderle, moviendo mi culo al compás de sus movimientos, me soltó y se colocó erguido, agarrándose a mis caderas.

- ¿Quieres un poquito más? ¿la quieres más adentro? ¿quieres que te dé por el culo como nadie te ha dado antes?

Yo casi ni podía hablar, jadeaba, soltaba grititos de una manera increíble y que no me parecía propia de mi, notaba su polla entrar y salir de mi culo y allí estaba yo, a cuatro patas, con un desconocido bombeándome el culo mientras en mi casa mi marido estaría ya durmiendo, y en Fernando pensé, en mi soso marido que ni me comía el coño, mi ahora cornudo marido, cuando el casi desconocido de esa noche se corrió dentro de mi culo, invadiéndome con su calor, haciendo que yo me corriera casi a la vez cuando, al final de su lefada, sacó la polla de mi culo y descargó las últimas gotas sobre mí, sobre mi agujerito dolorido, sobre mis nalgas, y sacudió su verga, dándome toquecitos con ella en los cachetes del culo.
Me corrí, como nunca antes en mi vida y, desde luego no como con mi esposo, con quien a menudo fingía para terminar cuanto antes, me corrí mientras me follaban el culo por primera vez y, aunque medio no consentido por mí, me corrí de una manera brutal, obscena, gritando, gimiendo y pidiendo más de un orgasmo que me dejó exhausta.

Alonso y yo dormimos juntos pero no hicimos nada mas, yo me sentía feliz y satisfecha aunque con algo de rencor por la formas, no hablamos de ello, desayunamos juntos y cada uno se fue por su lado, no volvimos a quedar y nuestras conversaciones por internet fueron cada vez más escasas hasta que no volvimos a hablar.

Al día siguiente, cuando llegué a casa, Fernando estaba dormido en el sofá, era festivo así que no había ido a trabajar, me preguntó qué tal me había ido (le había puesto la excusa de un viaje de trabajo) y le respondí con evasivas.
Por la noche, nos acostamos, uno al lado del otro, ese día no tocaba sexo, como casi siempre, pero, al menos ese día, no me importó, venía satisfecha, con el culito aun un poco dolorido, eso sí, pero satisfecha de haber orgasmeado como una posesa y dormí al lado de mi osito cornudo más feliz y entera que nunca y queriendo permanecer con él mucho tiempo más siempre que pudiera seguir compensándome yo sola por otro lado, ese día, tomé la determinación de seguir el tipo de vida por el que he optado, tengo un marido que, como amigo y compañero es maravilloso, nos queremos, pero mi vida sexual la encuentro en otra parte.

No me juzguéis, por favor, somos felices juntos, si queréis dejarme algún comentario, estaré encantada de responderos.

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2 Responses to “Confesión de una infidelidad (Por Elvira)”

  1. victor hugo dice:

    ola bella y encanto d mujer,si q debes ser buena,sabes me gustaria poder tenr la oportunidad d poder entablar una cnversacion cntgo encato d mujer,mi msn es bozarron_fap@hotmail.com,me llamo victor hugo,soy del peur,speor q me puedas rsponder a mi correo mi amor,spero tu rspuesta cariño

  2. Javi dice:

    Pues a mi me parece muy bien lo que hiciste. Fue sexo, lo disftutaste, y sigues amando a tu marido… Y pedazo de polvo, si me permites decirlo!! Me gusyatria hablar un dia contigo e intercambiar historias ;) jejeje

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