El relato que a detallaré a continuación, como siempre, demuestra lo “especiales” que a veces son las mujeres, es algo que sucedió en realidad, como siempre los nombres han sido cambiados para evitar problemas.
Tengo 20 años y desde la infancia he tenido un amigo que ahora tiene 24 años, José Luis, que siempre ha tenido mucha suerte con las chicas, y más creo yo porque tiene un auto deportivo en el cual en ocasiones salíamos a ligar algunas nenas casi siempre él apaña las mejores.
Bien, pues, debido a que entré a la universidad, hacía poco más de dos años que no lo veía, resulta que me llamó por teléfono y me comentó que estaba saliendo desde hace dos años con una chica de nombre María y que ya tenían planes para casarse en seis meses y me invitó a conocerla ese sábado ya que también me dijo que tenía una amiga que estaba muy efectiva y que no tenía novio, (yo tampoco tenía novia en ese momento ).
Ese día llego por mí y fuimos a casa de su novia, mansión diría yo, era grande… ahí estaban, primero me presentó a Sara, era una chica bonita, rubia y buen cuerpo, sonreí satisfecho esta vez corrí con suerte, después me presento a María, era bellísima, una morena realmente hermosa de esas chicas, de ojos bellos y misteriosos, con clase y un cuerpo que… cielos, si Sara estaba buena, ésta estaba buenisima, no esperaba menos de él ya que siempre tuvo muy buena suerte con las nenas eso merece unas chelas (cervezas je je je). Comenzamos a salir los cuatro en parejas, y algunas semanas después me di cuenta que ellas, eran niñas serias de manita sudada, ya que en alguna ocasión intenté cuando besaba a mi chica tocarle los senos y no se dejó, lo intente en varias ocasiones y ¡¡¡ NO SE DEJABA CACHONDEAR!!! Qué aburrido ¿no?, pero, en fin la cosa parecía en serio y había que respetarlas, y más José Luis que faltaban tres meses para la boda.
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Estaba harta de mi vida. Las relaciones sexuales con mi marido no llenaban, a mis 37 años no había experimentado un orgasmo. Harta de todo esto me fui a una no importa que casa de relax para mujeres de un anuncio de un no importa qué periódico.
Me hicieron pasar a una habitación con una ducha, allí dos chicas muy bonitas en tanga me pidieron amablemente que me desnudara, con cierta vergüenza lo hice, me pasaron agua por encima y después con las manos desnudas y llenas de gel, empezaron ha hacerme un masaje acariciando hasta las partes más íntimas de mi cuerpo, sus dedos se introducían en cada rincón de él, dándome un placer hasta entonces desconocido. Cuando acabaron me enjuagaron y me secaron con unas suaves toallas, me envolvieron en un albornoz y me condujeron a una habitación. Dentro estaba el chico de la foto, era Sergio, me dio dos besos en las mejillas mientras las chicas salían. Vestía un pantalón corto muy ajustado, que le marcaba el paquete perfectamente, la camiseta muy ajustada también le marcaba un cuerpo muy bonito.
Hola creo que eres Laura, ¿verdad?
Sí – contesté yo, bastante cortada
Ven siéntate, ¿quieres tomar algo?
No ahora no, gracias
Ven, aquí más cerca
Yo me senté en un sofá a su lado, pensando si no había sido una mala idea ir a ese lugar
Bueno, cuéntame algo
Pues no sé …
¿Qué quieres hacer? Vamos a ponernos cómodos
Él se quito la camiseta y me dijo
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Cuando trabajaba en una oficina de una imprenta, yo era el encargado del Dpto. de Computación. Tenía una secretaria de nombre Lili, que tenía en esa época, hace unos 10 años atrás, 19 años de edad y yo 28 años. Era una hermosa chica de pelo negro largo y enrulados, de piel blanca, con unas nalgas redondas y bien levantadas y con unos grandes pechos un poco más de lo normal. En síntesis, una muñeca, y que hacía suspirar a todos los compañeros incluyéndome a mí.
La cosa estaba en que ella tenía novio y los padres de ella no le aceptaban porque tenía un hijo con otra mujer. Él tenía la misma edad de ella.
Ella siempre me comentaba su situación por la que atravesaba y yo aprovechaba para preguntarle cosas más íntimas de ella, como por ejemplo si tenía relación sexual con su novio o si cuales eran sus zonas más erógenas, etc., a lo que me los contaba sin dudar y con mucha confianza.
Tal es así que esa confianza le dio valor para comentarme que en la noche anterior tuvo sexo con su novio en fecha peligrosa y que temía quedar embarazada, por lo que me preguntó si yo conocía algo o alguien que le pudiera ayudar.
Mi mente maquinó miles de cosas, pues yo veía en esta la oportunidad de aprovecharme de la situación y echarle un polvo a como sea, porque la verdad que hacía tiempo que me tenía recaliente.
Le dije: mirá yo conozco a una obstetra que vive cerca de mi casa, por qué no nos vamos a la salida junto a ella para que pueda ayudarte.
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Antes de comenzar a platicarles quiero decirles que yo nunca pensé en hacer algo parecido y bueno es algo que quiero comentarles, actualmente tengo 31 años de edad muy bien puestos creo yo, pues si no soy una Venus tengo lo mío, simpática, piel blanca, bonitas piernas, la pompi bastante paradita y unos pechos talla 36 C, redonditos y con un pezón grande y rosado.
Resulta que en los últimos dos meses mi esposo por cuestiones de trabajo y de supervisión ha tenido que estar viajando constantemente al interior del país, por lo que nuestras relaciones íntimas se han visto afectadas de manera significativa pues los días que él está en la ciudad, o está cansado y sólo siento que lo hacemos por compromiso o está trabajando hasta ya altas horas de la noche preparando sus informes de los avances para la dirección de su empresa, por lo que me he sentido muy relegada, sucede que en mi trabajo decidieron hacer una posada, fiesta, parrillada o como se le pueda llamar y acordamos vernos en un fin de semana, yo al principio en verdad no tenía la intención de asistir pues me sentía un tanto deprimida, pero al final y a insistencia de mis compañeros e incluso de mi esposo que me decía que asistiera y me divirtiera un poco, pues para variar él tenía que salir por su trabajo y no podría acompañarme, por lo que finalmente llegó el día y pensé en tratar de verme bonita pues he leído que una se siente como se ve y olvidarme un poco de todo y divertirme, por lo que me puse una falda de color gris arriba de la rodilla con pequeñas aberturas en cada una de las piernas, sandalias de tacón y de tiritas, sin medias, una blusa de tirantes gris pegadita, el saco que es juego de la falda, mi ropa interior consistía en un Wonderbra que casi no acostumbro ponerme porque quien los conoce sabe que hace que se vean aún más grandes los pechos, un mini bikini de los que regularmente uso que casi siempre se me mete entre mis redonditas pompis, ambos de color blanco, poquita pintura y unas gotas de perfume
Bueno pues llegué a la fiesta y ahí estaba, comimos y después de eso empezaron a correr las cervezas y los tequilas, para esto en esa ocasión estaba en la reunión un amigo del anfitrión, de estatura pues como de 1.67 m, morenito y bastante simpático y de apariencia muy agradable, de nombre Edgar (de hecho no puedo negar que me gustó), aunque obviamente no pensé llegar a nada, empezamos a bailar y yo ya con la euforia de la bebida empecé a bailar más sensual, al principio inocentemente y después ya no tanto pues veía la cara que ponían mis compañeros y más cuando él en un momento estando bailando me dijo en voz baja que me movía riquísimo a lo que yo me sonreí, así pasamos un rato más en el que yo bailaba con él y él de vez en vez me siguió diciendo cosas, como que si así me movía siempre y yo coquetamente me reía o le hacía movimientos con la cabeza en señal de que era correcta su apreciación, finalmente decidí retirarme pues ya había caído la noche y comenzaba a enfriar más de la cuenta para seguir a la intemperie, Edgar se ofreció a llevarme y yo en verdad no quería pues no me atrevía a dar a notar que me salía con el, más en mi condición de casada, por lo que él insistió en que si yo lo deseaba podía dejarme sobre tlalpan en cualquier estación del metro, finalmente ya en el auto él siguió halagando el cómo me movía y en un momento empezó a ser más audaz pues me decía que si sería cierto el dicho de que si así como lo mueves lo bates qué sabroso chocolate, y yo bueno sólo me sonreía provocativamente, en un semáforo Edgar sin decirme nada se acercó a mí y me besó muy apasionadamente, y rápidamente bajó su mano a mis senos y los acarició por sobre mi blusa, inclusive pellizcándome los pezones por encima de la tela, esto inmediatamente me excitó y no paramos hasta que los coches de atrás comenzaron a tocarnos el claxon, así seguimos él me abrazó y yo me recosté en su hombro, él con una de sus manos conducía y con la otra la llevaba sobre mi hombro acariciando mi pecho, yo en verdad me sentía muy desinhibida por el alcohol y la excitación por lo que mi mano empezó a subir por su pierna y después encima de su pene. Ahí quedé agradablemente sorprendida, pues pude sentir las dimensiones de su pene, que a mi parecer inclusive consideré sorprendente que una persona no tan alta lo pudiera tener tan grande y gordo, como podía sentir en mi mano, después de esto ya sin decirme nada condujo el auto a un hotel de los muchos que hay por ahí, pagó la habitación y pidió condones y unas latas de cerveza y entramos a la habitación.
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Nunca creí que me pudiera pasar esto, la verdad es que siempre fui un poco tímido con las mujeres y no me distinguí nunca por mi capacidad de ligar pareja, más bien me costaba trabajo así que procuraba cuidarlas para que me duraran el mayor tiempo posible, así finalmente me terminé casando.
Esto que les voy a platicar me ocurrió después de 8 años de matrimonio y yo no sé si fue un regalo de algún ser superior, pero la fantasía que siempre tuve de repente estaba a mi alcance, así fue como sucedió.
En mi ciudad el tráfico es característico y sobre todo por las mañanas cuando concurrimos todos los que vamos a trabajar con aquellos que tienen que ir a sus respectivas escuelas, en mi rutina, tenía que atravesar todos los días la misma ruta, de mi hogar a mi oficina. Tanto la recorría y sumido en el mismo tráfico que aprendí a buscar formas de entretenerme y me dedicaba a ver a la gente, de tanto que los veía empecé a reconocerlos ya sea por sus coches o por ellos mismos.
Un día la vi a ella, me llamó la atención su personalidad, como muy llamativa, no sé, tenía una especie de imán que te hacía voltear a verla, tenía una larga cabellera muy brillante, unos grandes y carnosos labios, más tarde me di cuenta de que resguardaban una hermosísima sonrisa.
En una de tantas ocasiones, de repente ella me volteó a ver y no sé qué me pasó pero me encantó. A partir de ahí mi rutina cambió, todo se centraba en volverla a ver. Cuando finalmente sucedió ya que no siempre coincidíamos en horarios y yo no sabía dónde era que se incorporaba a la ruta, no lo dudé y en cuanto me volteó a ver de nuevo la saludé. No sé por qué lo hice, fue un impulso, lo mejor vino cuando ella correspondió a mi saludo y me sonrió.
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