Nos conocimos en una reunión de vecinos, ella es mi vecina del tercero, es una mujer muy interesante, no puedo decir que sea una mujer guapa pero derrocha feminidad por todas partes. Las primeras veces que la ví pensé que era una listilla de esas que todo lo saben o lo quieren saber pero no, resulto ser una persona con muy buenas ideas y capacidad para convencernos a todos .
Cada vez que hacíamos una reunión yo estaba contento con su presencia, sabía que la reunión iba a ser amena, ella le daba esa pizca de salsa y gracia que nos hacía reír a todo pero además las cosas salían adelante.
Entre nosotros había una fuente de simpatía, muchas veces al terminar las reuniones quedábamos charlando y así nos fuimos conociendo. Su marido estaba en el extranjero y venía un fin de semana cada dos o tres meses y algunos días en verano. Ella era maestra de escuela en un pueblecito cercano por lo que no podía dejar su plaza para irse con su esposo.
Mi nombre es Alberto, tengo cincuenta años y estoy casado, mi mujer es una persona con muy mala salud, la pobre hace años que siempre está enferma y no tenemos hijos. En realidad además de mi trabajo, tengo que llevar las cosas de casa yo. Hago la compra, las comida y en la limpieza nos ayuda una asistenta dominicana que viene un par de horas cada día.
Nuestra vida es siempre en casa, donde leo, escribo o veo la televisión. Si salimos algo de casa, yo en mi caso es a trabajar o para acompañar a mi mujer a los médicos.
El día que tenemos reunión de comunidad o me tropiezo con algún vecino y me habla, es casi una fiesta para mí. Me da igual de lo que hablamos, como soy presidente de mi comunidad normalmente se habla del edificio y todos parecen demostrarme cierta simpatía.
Mi vecina se llama Mariluz. Como os decía no es lo que llamaríamos una mujer bandera, medirá sobre un metro setenta, es entradita en carnes, un poco clásica vistiendo, sobre cuarenta y cinco años, con una voz muy agradable y unos ojos muy vivos que parecen siempre derrochar alegría.
Un día, el ascensor no funcionaba y subí andando por la escalera, cuando llegué al tercer piso, ella salía y nos pusimos a hablar, nada anormal entre nosotros, ya teníamos mucha confianza y se podía decir que éramos amigos. La conversación versaba sobre la posibilidad de cambiar los ventanales de la fachada, que habíamos acordado entre todos. Ella me contaba que le entraba por el de su habitación un poco de humedad. Me invitó a pasar a su casa, la verdad es que era preciosa, todo muy ordenadito, con detalles por todas partes, adornos con flores frescas. Olía a mujer a casa de mujer es decir a limpio.
Cuando pasamos a su habitación, vi su cama, tenía una colcha preciosa y sobre ella una especie de camisón pero de u tono azul muy coqueto. No se si fue mi necesidad de mujer, si el olor dulce de aquel lugar, la cama o e camisón, revolucionaron mi sangre. Yo estaba como incomodo en el dormitorio y ella como si quisiera jugar conmigo, estaba increíblemente simpática y cuando me hablaba, me cogía del brazo o me hacía algún gesto de cariño o simpatía, tocando mi cara.
Yo ya no podía disimular mi nerviosismo, pasamos al lado de la cama, para ver bien la ventana, donde había un poco de humedad pero nada importante, parecía más del rezumar de los cristales que otra cosa. La cama hacía un pasillo estrecho , ella estaba delante y para abrir la cortina, tenía que pasar a mi lado, lo hizo y me rozó su cuerpo. Yo estaba como eléctrico, por mi mente pasaron un millón de imágenes que no me ayudaban a tranquilizarme. Cuando intentó regresar a su posición, quedó frente a mí y nuestros cuerpos en contacto. No pude contenerme y como si quisiera ayudarle a pasar, apoyé una de mis manos en su cadera. Noté su perfume que me embriagaba aun siendo muy discreto, su cara pasó justo delante de la mía y pude percibir su aliento, cálido y fresco. Los dos nos quedamos parados, fueron unos segundos interminables, sus labios entreabiertos delante de los míos, no se como pasó, me acerque y acaricié mis sus labios con los míos, ella no hizo ademán de separarse, movió un poco sus labios correspondiendo a mi caricia.
Sus manos se extendieron y cogieron las mías y ya se había desatado un terremoto de deseo, nuestros labios se buscaban con toda la pasión y el deseo acumulado de tanto tiempo. Mis manos buscaban el contacto de su piel por cada recoveco que encontraba. Los dos de pie en aquel pasillo, no teníamos escapatoria que no fuera la de contactar.
Caímos sobre la cama, rodando en un abrazo de lujuria y pasión, me puse encima de ella, y mi cuerpo era una enorme hoguera de deseo. Mi polla apunto de reventar debajo de mi ropa y comencé a abrirle la camisa, descubriendo sus enormes pechos a mis manos y mis labios. Ella era tremendamente apasionada y activa, sacaba mi ropa e iba besándome por todas partes. Yo notaba que no podía aguantar más, hacia tanto tiempo que no estaba así con una mujer que pensé que no aguantaría. Mientras las prendas iban desapareciendo, mezcadas con su camisón y el contacto de nuestros cuerpos.
Apenas habíamos logrado la desnudez , no tuve fuerzas para darle el placer de las caricias, mi polla estaba a punto de explotar y bajé sus bragas, pude ver su desnudo completo, su vello rizado y oscuro era una enorme tentación a la exploración. Rocé mi polla en aquel horno y me deslicé en su interior. Me tuve que parar o me correría como un adolescente. Ella pareció notarlo en mi rostro y me besó, sin apenas moverse, mientras toda mi polla se clavaba cada vez más. Intenté distraer mi pensamiento y comencé un mete y saca que sin ser muy fogoso era constante, ella me abrazó y comenzó a jadear con furia, noté toda su humedad en mi verga y ya no pude contenerme más. Me corrí y tanto que pensé que no terminaría nunca, mientras ella recuperaba su respiración entre miles de besos.
Habíamos matado los nervios de nuestro encuentro y apenas follábamos, besos, caricias y mas besos, me dio la vuelta y fue bajando con su lengua por mi pecho, mi vientre, la pasó por mis ingles hasta mis testículos y comenzó a lamerlos como jamás nadie me había hecho. Estaba loco de deseo, quería que la metiera en su boca de una vez o donde quisiera, pero ya no podía aguantar más aquel trabajo de su lengua. Me dio unos besitos, rodeando mi flor con su lengua y comenzó a mamarla de una forma que no puedo contar, me agarre con los dedos a la colcha mientras su boca subía y bajaba. La quise atraer hasta mí, buscaba sus enormes tetas, para apretarlas, pero ella volvía a su gloriosa mamada , apreté mas la ropa con mis dedos, mi cuerpo se tensó, quise separarme pero ella no me dejó, aguantó su boca mientras un enorme chorro bañaba su lengua y ella depositaba en mi pubis, para después extenderlo sobre mi cuerpo con su lengua.
Los dos rendidos sobre la cama, yo miraba al techo con la mente perdida en tanto placer, me acerqué y la besé y ella me respondió acariciando mi cabello; era como una indicación de deseo, baje con mis besos por sus tetas acariciando sus pezones que estaban duros de deseo y enterré mi lengua en su sexo, separando sus pelos con mi lengua hasta rozar sus carnes abiertas y me llego ese sabor tan increíble que me cegaba en deseos de meter mi lengua mas allá de donde podía alcanzar, ella frenó un poco mis impulsos y entendía que mis caricias deberían ser más suaves, casi sin rozarla con la punta de mi lengua haciendo círculos en su clítoris, me rodeó con sus piernas y ahora apretaba mi cabeza contra su coño; yo quise entrar más, rozarla más, mi boca se iba llenando de sus jugos y de pronto, noté como se corría en un enorme orgasmo que bañaba mi cara.
De nuevo tendidos sobre la cama, completamente desnudos nuestras manos se enlazaron y sin decir una sola palabra no nos prometimos amor pero si el entregarnos sexo cada día desde entonces.