Puro adulterio

Infidelidad, ¿pasión o pecado?

Adultera por un café

Estoy viviendo un momento especialísimo de mi vida, un momento que necesito compartir y que quiero contaros en este relato.

Me llamo mayka, tengo cuarenta años y estoy casada, Mi marido es marino mercante y trabaja en un barco petrolero por lo que pasa largas temporadas de viaje.

Siempre fui fiel a mi esposo desde que nos casamos, me conformaba con lo que tenía, cuando él está aquí nuestra vida es normalita. Tenemos una semana, la primera cuando llega que incluso se puede decir que es buena, después se va enfriando y ya cuando le toca volver a embarcar los dos estamos deseando que llegue la hora. Él comienza a beber, me resulta hasta desagradable, lo entiendo ya que su vida es complicada, tanto tiempo embarcado pero a mi como os decía se me hace insoportable.

Hace casi un año, que conocí a una persona, para en la cafetería donde yo desayuno y leo la prensa cada mañana. Algunas veces nos pasamos el periódico, cruzamos unas palabras amables sobre el tiempo pero nada más.

Un día cuando llegue, la cafetería estaba abarrotada, ya me iba a ir cuando me di cuenta de que me estaba llamando para invitarme a su mesa; dudé un instante pero acepté encantada. Él me comenzó a hablar como si realmente fuéramos amigos o nos conociéramos de mucho tiempo, lo que no dejaba de ser verdad, pero no era más que lo que antes os contaba. Era muy simpático, yo estaba un poco cortada, no me gustaba que nadie pudiera verme sentada con un hombre, pero ¿Qué podía hacer? No era cosa de ponerme a escapar, no hacía nada malo y por otra parte no conocía a nadie ya que yo vivía en otro barrio.

Después de aquel día, cada día el llegaba y me pedía permiso para sentarse en mi mesa, ya nos habíamos hecho amigos. Yo sabía que se llamaba Germán que tenía una gestoría allí cerca y que estaba separado. Vivía sólo en un apartamento que tenía en el mismo edificio de su oficina, no tenía hijos y tampoco ninguna novia. Decía que ya le había llegado con su matrimonio.

Con el tiempo, ya era como si hubiésemos quedado, si uno de los dos faltaba el otro le preguntaba al día siguiente si le había pasado algo. Poco a poco fuimos entrando en temas más personales, le conté sobre mi matrimonio y sobre mi vida y la amistad se iba fortaleciendo.

Un día me contó que le gustaba pintar y le dije que me gustaría ver sus pinturas, que tenían que ser muy peculiares dada su personalidad.

Me invitó a ir a su casa a conocer su estudio y sus cuadros, yo le dije que sí que un día quedábamos por la tarde y que íbamos. Pasaban los días y nunca llegaba esa tarde, el me recordaba que la teníamos pendiente. Hasta que me dijo ¿Podemos quedar esta tarde? Te lo digo porque ayer hicimos limpieza y tengo todo el estudio ordenadito y sonrío. Yo no encontré una disculpa rápida así que le pregunté a que hora. Me dijo que las siete si no era muy tarde para mí; como yo no tengo ninguna obligación le dije que sí que era buena hora.

Ahora pienso en todo lo que pasó desde ese momento: Una sensación de inquietud se apoderó de mí, como presintiendo que algo podía pasar, pero no llegaba a pensar en ello.

Soy una mujer muy cuidadosa y siempre ando muy arregladita pero esa tarde después de comer me volví a duchar cuando ya lo había hecho por la mañana. Me puse una ropa interior nueva, era una braguita biquini muy corta sin ser un tanga con el sujetador a juego, que me había costado carísima. Medias nuevas y bien perfumada, muy vestida, me dispuse para acudir a nuestra cita.

Él me estaba esperando en nuestra cafetería en la mesa de siempre. También me fije que estaba especialmente arreglado. Me parecía un hombre muy atractivo, era alto, muy moreno, con una dentadura preciosa y muy blanca, tenía unas manos largas muy bonitas, realmente atractivo.

Tomamos un café juntos, yo estaba nerviosa y miraba a todas partes como si alguien me pudiera ver haciendo algo malo pero no era más que lo que hacía cada día. Claro que cada día no visitaba su estudio. Me dijo ¿Nos vamos? Y los dos salimos sin despedirnos de nadie.

Llegamos a su edificio, era una casa ya con muchos años pero perfectamente restaurada. Un portal muy lujoso, subimos en el ascensor hasta la última planta y allí tenía su estudio, era un ático enorme con mucha luz, había hecho de dos viviendas una muy grande, su vivienda a un lado y el estudio todo abierto que era donde estábamos. Muchos oleos en las paredes, en el suelo, caballetes y olor a pintura.
Como ya suponía sus cuadros me impactaron, tenía un estilo muy atrevido con muchísimo color, la verdad es que sus pinturas derrochaban optimismo y alegría. No soy muy entendida en arte pero me gustaron mucho.

Por una puerta se accedía a un pasillo y desde él a su vivienda, era realmente preciosa, muy ordenado todo, muy coqueto, nunca diría que era la casa de un hombre sólo. Pasamos a un salón tapizado en cuero negro, era muy acogedor, sobrio, elegante me dijo._ prepárate para tomar el café mejor hecho del mundo, yo me reía y me dijo ¿No te lo crees? Espera.

Menos de cinco minutos y apareció con dos tazas de café, con un aspecto perfecto. Lo mire como impresionada y me señaló la puerta abierta de la cocina y una cafetera de esas modernas que lo dan todo hecho. Los dos nos reíamos pero el café estaba muy sabroso.

Nos pusimos a charlar, se notaba cierta tensión, como si estuviéramos haciendo algo peligroso, pero poco a poco fuimos cogiendo dinámica en la conversación . Ocurrió que en medio de una frase mía, se quedó mirándome y me dijo: _Estás preciosa, me quedé muy sorprendida y le sonreí, se acerco a mí y me besó.
Yo sabía que se habían desatado los infiernos, quise contenerme pero le pase mi mano por la nuca y respondí a su beso con pasión. Entonces reaccioné, me separé y le dije _ Recuerda que estoy casada, esto es una locura.

Apenas pude terminar mi frase, de nuevos sus labios acariciaban los míos, su lengua se abrió paso en mi boca, cada rincón era un remolino de placer. Nuestros brazos se aferraban al cuerpo del otro y el deseo era una fiebre de locura. Mas besos, nunca se terminaba e placer en ellos, no hacíamos nada más que disfrutarlos hasta dolernos los labios.

Muchas veces pensé que los grandes besos no son los más peligrosos y estaba confirmando mi tesis cuando fue bajando a pequeños besitos por mi cuello. Sentía un horno entre mis piernas, un deseo irrefrenable de ser suya.

Sus manos abrían mi camisa, sin prisas, cada botón dejaba un pedazo de mi escote que el besaba y lamía con pasión de adolescente y maestría de veterano. Dos botones más y mi sujetador al descubierto, sus manos comenzaron la mejor caricia que recibí en mi vida, sólo por encima del sujetador. Comenzó a separarlo con los dientes, mientras sus manos iban al cierre en mi espalda. Mis tetas sueltas parecían gritar deseo. Mis pezones duros, todo el pecho lo estaba a su lengua y sus labios. Mordía con suavidad mis pezones o les empuja paa dentro con su lengua, pensaba que me podía morir de placer. Jadeaba, gemía, gritaba, reía y me respiración estaba desbocada como mi corazón. No pude más y le dije al oído _ ¡Follame! Y me desabrochó el pantalón. _ Ven, ven que te voy a follar hasta que no puedas más. Ni me quitó las braguitas, las separó a un lado , yo no podía ver nada, note que me acariciaba con el puño ¡No, no era el puño! ¡Dios mío! Jamás había visto ni imaginado nada igual, abrió mi vagina como un enorme taladro, me rozaba a pesar de estar muy mojada. Se paró y tuve la sensación de estar llena, de no poder respirar o de rompérseme el coño. Se quedó quieto, y me iba acostumbrando a esa verga tan inmensa. No era muy larga afortunadamente, sólo que su diámetro era enorme. Acostumbre mis músculos vaginales y comencé a moverme, cada pequeño movimiento era como si acariciaran mil dedos mi vagina, tocaba cada rincón, comenzó a balancearse ya empujar un poco y tenía su brazo delante de mi boca y no pude más que morderle. Me corrí como jamás había hecho en mi vida. Yo misma estaba asustada de aquel orgasmo, el me besó y de nuevo se movía dentro de mí, mi humedad era enorme y ahora se deslizaba perfectamente, cada vez me gustaba más; él jadeaba, se estaba acelerando y eso me puso de nuevo en buena disposición, le grité.

_ Más, mas y me dio todo, aquello era un enorme surtidor de leche que se desparramaba en mi mientras las convulsiones de mi nuevo orgasmo la expulsaban al exterior.

Juro que me caían las lagrimas de tanto placer, de tanta felicidad, quise agradecérselo a mi manera , de la única forma que se me podía ocurrir y me bajé a su pocha, no la daba recorrido con mi lengua, sabía a mí y a él, la lamí, cada poro, se ponía de nuevo a tope, deseaba metérmela en la boca, apenas podía, forzaba mis mandíbulas, notaba que le apretaba con mis labios y no me dio tiempo a nada más. Me salpicó toda la cara de semen, que resbala hasta mi boca.

Estoy escribiendo este relato y mis labios vaginales están temblando de deseo, esta tarde quedamos para pasar el fin de semana juntos, me dijo que había hecho una buena provisión de víveres y que no nos moveríamos de casa.

Me arreglo, me acaricio el coño y noto en él los latidos de mi corazón acelerado. Imagino su polla, se que no podrá follarme el culo pero la idea me pone ciega. Ya os contaré.

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One Response to “Adultera por un café”

  1. Never say never dice:

    Nuca digas de este agua no beberé, ni este cura no es mi padre, ni esta polla no me cabe

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